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La propuesta abordó la prevención del suicidio desde una mirada integral, que contempla tanto los factores individuales como el peso de los vínculos, las redes de apoyo, las condiciones laborales y los mandatos sociales y de género a la hora de reconocer el malestar y pedir ayuda.
Durante la actividad se trabajó sobre mitos y señales de alerta, las barreras que dificultan dar ese paso y la necesidad de generar espacios de escucha. También se analizaron los desafíos [de la función / del servicio], marcados por la exigencia, la responsabilidad y la respuesta ante situaciones críticas, y cómo compatibilizar esas demandas con el reconocimiento y la regulación de las emociones.
Otros ejes fueron el fortalecimiento de las redes de contención, las estrategias de acompañamiento ante el sufrimiento psíquico y la posvención, además de la difusión de recursos de orientación y asistencia.
Con esta iniciativa, el Centro Integral de Género busca aportar a una cultura institucional que promueva el cuidado y favorezca que cada integrante pueda expresar lo que le pasa y buscar ayuda a tiempo.




