
La Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA) publicó su informe mensual sobre el estado de los cultivos invernales, donde consolida un escenario productivo favorable para la región central del país. Las proyecciones técnicas estiman un volumen de 4,15 millones de toneladas para el trigo y 65.700 toneladas para el garbanzo. Ambas cifras superan los promedios históricos registrados en el territorio provincial, asegurando un flujo sostenido de cargas agroindustriales para la próxima campaña comercial.
En el segmento triguero, el rendimiento provincial se estabilizó en torno a los 32 quintales por hectárea. El departamento de Marcos Juárez lidera las expectativas de productividad con rindes cercanos a los 43,3 quintales, seguido por el distrito de Unión con 37,8 quintales por hectárea. A pesar de estos indicadores positivos, el volumen total del cereal se ubicará por debajo del ciclo anterior, el cual había marcado un techo productivo excepcional para la matriz agrícola cordobesa.
Por su parte, la producción de garbanzo registró una mejora en el rendimiento promedio, alcanzando los 28,5 quintales por hectárea. El incremento productivo se explica principalmente por el buen comportamiento de los planteos de secano y los resultados superiores a 35 quintales en las áreas bajo riego del departamento Colón. La totalidad de los lotes implantados ya superó su período crítico y transita la fase inicial de llenado de granos con buenas perspectivas para el mercado exportador.
La evolución definitiva de los volúmenes de cosecha dependerá del comportamiento climático durante las próximas semanas, dada la marcada variabilidad en las reservas hídricas de los suelos. Los informes técnicos detectaron niveles de humedad heterogéneos, con perfiles más secos hacia los sectores del oeste y centro-sur provincial. Este cuadro de déficit hídrico leve se combinó con eventos focalizados de granizo y heladas tardías, los cuales generaron recortes productivos aislados sin alterar la estimación general.
En materia sanitaria, los relevamientos a campo reflejaron una presión de enfermedades controlada en la mayor parte de las explotaciones. Los campos trigueros presentaron incidencias de intensidad baja a media en patologías como la roya anaranjada y la mancha amarilla. En paralelo, los lotes de garbanzo requirieron aplicaciones puntuales de fungicidas para contener focos moderados de rabia, garantizando la sanidad y la calidad comercial de los granos.
Fuente: Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA)

