
Especialistas del INAI, a través de la Red de Innovadores de Aapresid, evaluaron el escenario de la cadena de la soja frente a los cambios estructurales en el comercio global. Las proyecciones técnicas para la próxima campaña estiman una superficie sembrada de 17 millones de hectáreas y un volumen de producción que alcanzaría las 53,6 millones de toneladas, marcando una estabilización de la oferta agraria tras la severa sequía registrada en el ciclo 2022/2023.
A pesar de ceder participación en el volumen del mercado global primario frente a competidores como Brasil y Estados Unidos, el ecosistema agroindustrial argentino sostiene un perfil marcadamente exportador. Aproximadamente el 80 por ciento de la producción nacional se industrializa en origen para luego despacharse hacia el exterior. Esta capacidad de molienda instalada permite al país mantenerse como el principal exportador mundial de harina y aceite de soja, abarcando respectivamente el 34 y el 47 por ciento de las ventas externas, con destinos consolidados en China, India y el sudeste asiático.
El actual contexto internacional presenta desafíos logísticos y aduaneros derivados de la competencia geopolítica, el incremento del proteccionismo en los países centrales y el reordenamiento de las rutas marítimas comerciales. Frente a la fragmentación sistémica y las nuevas exigencias de sostenibilidad socioambiental, el reporte técnico remarca que la competitividad no depende exclusivamente del volumen productivo, sino de la capacidad para garantizar un suministro previsible aprovechando la ubicación geográfica en una zona de paz.
Para traccionar un mayor ingreso de divisas y robustecer la matriz agroexportadora, los analistas subrayan la urgencia de suprimir las distorsiones impositivas internas que operan financieramente como subsidios negativos sobre la actividad. En paralelo, recomiendan avanzar con nuevas negociaciones arancelarias, sincronizar la aprobación internacional de eventos biotecnológicos e implementar esquemas estrictos de certificación ambiental. El desarrollo agrotecnológico y el fuerte impulso a los biocombustibles resultan vectores determinantes para diversificar el agregado de valor y captar la sostenida demanda de seguridad alimentaria y energética global.
Fuente: INAI / Red de Innovadores de Aapresid

