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La crisis energética y logística en Medio Oriente impactó de lleno en los mercados globales de insumos agrícolas y trasladó un fuerte sobrecosto a la economía argentina. Según un análisis elaborado por Franco Pennino, Bruno Ferrari y Emilce Terré para la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la escalada en las cotizaciones internacionales de la urea y los complejos fosfatados provocó un sobrecosto de importación estimado en USD 180 millones durante el primer semestre de 2026, al comparar los precios de compra actuales con los vigentes en el mismo período del año anterior.

El conflicto en el Golfo Pérsico restringió severamente la oferta global de gas natural licuado (GNL), amoníaco y azufre, insumos críticos para la elaboración de fertilizantes. En el caso de la urea, cuyo flujo por el Estrecho de Ormuz representa la cuarta parte del comercio mundial, el precio llegó a experimentar subas superiores al 100% respecto a enero. Por su parte, los fertilizantes fosfatados (TSP y DAP) se vieron presionados tanto por el encarecimiento del azufre —cuyo valor llegó a duplicarse— como por restricciones previas a la exportación aplicadas por China.
Frente a este escenario de cotizaciones elevadas, el volumen de importación argentino sufrió una notable retracción, consolidando el segundo peor desempeño semestral desde 2019 (solo superado por la severa sequía de 2023):
A pesar de la baja en volumen, el valor total importado alcanzó los USD 1.762 millones, constituyendo el segundo monto más alto de la historia para un primer semestre debido a los elevados precios CIF pagados durante abril y mayo. La evolución de las cotizaciones en el segundo semestre será determinante para la rentabilidad y el nivel de fertilización de la campaña gruesa 2026/27, período en el que habitualmente ingresa el 75% de las importaciones anuales de nitrogenados.

En el plano estructural, el reporte resalta la necesidad de aumentar la producción nacional. Actualmente, la industria local aporta entre 1,4 y 1,9 millones de toneladas anuales (explicando apenas entre el 30% y 35% del consumo interno de 5 millones de toneladas), lo que obliga a depender fuertemente del abastecimiento externo.
Frente a este déficit, la aprobación de un proyecto bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) para la construcción de una nueva planta de urea granulada en Bahía Blanca constituye un hito estratégico. La iniciativa, que contempla una inversión de USD 2.700 millones aprovechando el incremento en la producción de gas de Vaca Muerta, prevé aportar 2,1 millones de toneladas anuales de urea. Este desarrollo permitirá sustituir importaciones, abastecer la demanda interna e incluso generar saldos exportables hacia mercados clave como Brasil.


