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Coahuila es el tercer estado más extenso de México. Limita al norte con Texas —la principal puerta de entrada de la cadena de suministro de Estados Unidos— y al este con Nuevo León, cuya capital, Monterrey, es el mayor polo industrial del norte del país. Esa posición geográfica no es un dato menor: convierte al territorio en paso obligado para una fracción significativa de la carga que circula bajo el marco del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC).
A eso se suma una diversificación industrial que pocos estados de la región pueden exhibir. Coahuila produce alrededor del 20% de los vehículos ligeros de exportación de México y aproximadamente el 60% de los vagones de ferrocarril que cruzan hacia Texas. A esa base automotriz y ferroviaria se agregan la fabricación de tractocamiones y una industria aeronáutica en crecimiento. "Coahuila ha avanzado al grado de tener un clúster global de construcción de equipos de transporte: ferroviario, terrestre, aéreo y automotriz", sintetiza Sánchez. "Eso ha fortalecido enormemente la cadena en general".
La confluencia de todos estos factores empujó, hace algunos años, a la creación de un referente institucional que los articulara.
"Necesitábamos un punto donde el proveedor, la empresa usuaria, las universidades y el sector público pudieran hablar en los mismos términos y empujar juntos la competitividad de Coahuila", explica Sánchez. "De ahí surge el clúster".
Los resultados son concretos: Coahuila se consolidó como el segundo estado en atracción de inversiones por nearshoring en México, concentrando más del 11% del total nacional de proyectos y registrando más de 50 nuevos desarrollos industriales en el último año.
Durante décadas, la estrategia de atracción de inversiones en la región se apoyó en argumentos conocidos: infraestructura instalada, cercanía con Monterrey, acceso fronterizo a Texas. Lo que el clúster introdujo fue una capa técnica y operativa que hasta entonces no formaba parte del discurso de promoción.
Sánchez, que además de dirigir el clúster opera como gerente de un operador logístico de quinta generación (5PL), encarna ese salto: su trabajo consiste precisamente en mostrarles a las empresas que existen opciones que van mucho más allá del canal de siempre.
"Estamos muy acostumbrados a seguir siempre el mismo camino para sacar o traer el producto, porque es lo que todos han hecho y a lo que les ha funcionado. Y dejan de lado muchas otras opciones de infraestructura, de prácticas comerciales, de logística cotidiana que les puede sumar competitividad", señala. "El clúster quiere hacer ver que hay otras soluciones, otras realidades que se pueden atender. Eso enriquece mucho la propuesta, porque abrís otros canales, das otro tipo de servicios, costos diferentes, otros tiempos de manejo de la carga".
En ese marco, el territorio ofrece diferenciales técnicos concretos: las dos ciudades fronterizas de Coahuila cuentan con las aduanas calificadas como las más competitivas, modernas y seguras de todo México, y avanza la construcción de un puente exclusivo para carga especializada, sin tráfico mixto con vehículos particulares.
A ese contexto de infraestructura se añade un factor que Sánchez subraya con énfasis: la seguridad. "Coahuila es el segundo estado más seguro de todo México, y eso lo hace mucho más atractivo", afirma. En un país donde la seguridad de la carga es una variable crítica para la toma de decisiones de inversión, ese diferencial no es menor.
"Las empresas quieren escuchar dónde pueden producir y mover su producto al mercado destino de manera más eficiente, segura y al mejor costo. Esas son las condiciones que el clúster empuja, y está funcionando, porque la logística y la cadena de suministro son un detonante del desarrollo económico que mucha gente todavía no ha terminado de entender".

Uno de los pasajes más reveladores de la entrevista fue la descripción de una experiencia concreta de integración logística con Argentina. Hace aproximadamente una década, Sánchez participó en gestiones vinculadas al arranque de la zona franca de Zapala, en la provincia de Neuquén, explorando la viabilidad de extender el corredor del TMEC a través de los puertos mexicanos del Pacífico —Manzanillo y Lázaro Cárdenas— hacia terminales del sur de Chile —San Antonio, Valparaíso, San Vicente— para llegar desde allí a la Patagonia argentina y a Vaca Muerta.
"Lo que hicimos fue demostrar que, haciendo una logística disruptiva, se podía alimentar y extender los beneficios de un corredor internacional muy exitoso como el de Norteamérica hasta donde están los principales proveedores de insumos para la industria del gas y el petróleo que, de alguna manera, tendrían que llegar a Vaca Muerta", describe.
"No importa geográficamente dónde estés ubicado para poder ser parte de la cadena de suministro de una región en una latitud totalmente distinta".
La experiencia dejó, según Sánchez, una enseñanza estructural: los corredores logísticos internacionales no tienen por qué ceñirse a sus fronteras naturales si existe la voluntad de innovar en las rutas y en los operadores. "Ese es el mucho del futuro del comercio exterior y la cadena de suministro entre el norte y el sur de América. Hay que explorar otras rutas, otras vialidades marítimas".

Sánchez observa la realidad argentina con atención y con una mirada que combina el optimismo con el diagnóstico crítico. "Veo un mundo de oportunidades y posibilidades para el mercado argentino gracias a esa apertura más o menos reciente que se está teniendo para poder innovar en otros proyectos de logística y cadena de suministro, lo cual está siendo muy atractivo para países de Norteamérica", afirma.
Sin embargo, advierte sobre un rasgo cultural que, a su juicio, frena el aprovechamiento de ese potencial: "No nos podemos comer ese desarrollo solos. La clave está en la integración con tus socios y vecinos. El gran potencial que Chile con sus puertos da al mercado argentino para la cadena de suministro no tiene límites en cuanto a innovar y proponer".
En ese esquema, la ubicación de provincias como Jujuy cobra especial relevancia.
"La posición geográfica de Jujuy para el corredor Capricornio, con el litio y todas las ventajas logísticas que tiene, le da la posibilidad de ser llevada de la mano hacia un desarrollo bastante acelerado, con vecinos internacionales muy importantes para la logística y la cadena de suministro", señala.
El diagnóstico de fondo es claro: abrirse a innovar, a ser creativos en nuevas formas de operar la logística, es la condición para mejorar los costos y resultar competitivos. "El abrirse a innovar es lo que nos puede ayudar a ser más atractivos y a trabajar en tener un costo más competitivo en la operación", sintetiza.
Más allá de la dimensión empresarial e institucional, el clúster desarrolla una agenda que apunta al conjunto de la sociedad. Sánchez describe una campaña permanente de concientización orientada a que el ciudadano común comprenda que la logística y la cadena de suministro no son asuntos exclusivos del mundo corporativo, sino parte de la vida cotidiana de cualquier persona.
"El habitante, el ciudadano, tiene que entender que en su vida diaria está insertada la logística. Tiene que ver con lo que compramos, lo que vendemos, lo que se importa, lo que se exporta. Pero también con la calidad de vida: la movilidad, la conectividad, la sostenibilidad, la reducción de la contaminación por tracción pesada", enumera. "La gente debe dimensionar el impacto real que estos temas tienen en el desarrollo económico y en su calidad de vida".
Esa perspectiva adquiere particular fuerza en contextos de disrupción: las crisis geopolíticas, los conflictos bélicos o las tensiones arancelarias impactan directamente sobre las cadenas globales y, en cascada, sobre las locales. "Nos damos cuenta de que afecta cuando sucede algo impactante, y entonces ya hay que moverse. Todavía tenemos mucho que aprender", reconoce.

Dentro del modelo del clúster, la vinculación con las universidades ocupa un lugar central y su origen fue, según Sánchez, sorprendente. Cuando el equipo fue a presentar el proyecto a las casas de estudio, la recepción fue de entusiasmo inmediato.
"Nos preguntaban por qué habíamos tardado tanto en crear esto. Estaban buscando quién les hablara de logística y cadena de suministro, de las oportunidades, de lo que está pasando en el mundo", recuerda.
Las universidades venían trabajando en la preparación de carreras y programas especializados, pero lo hacían de manera aislada, sin coordinación entre instituciones y sin contacto con el sector empresarial.
"Cada una en su campus, con su equipo, sin una cámara empresarial que se interesara en sus programas, que impulsara la capacitación, que trajera la práctica operativa real, la disrupción logística, los objetivos de sostenibilidad de la ONU", detalla Sánchez. "Entonces las universidades estaban esperando esto, y fue un encuentro como esperado sin haberlo planeado".
Esa articulación derivó en intercambios logísticos internacionales entre estudiantes, vínculos con universidades de Colombia, Costa Rica, Ecuador y Chile, y como evento culminante, una competencia de innovación abierta que formará parte del próximo foro mundial. La iniciativa convoca a universidades de distintos países a desarrollar soluciones a desafíos reales planteados por empresas del sector.
"No valoramos suficientemente la creatividad de los jóvenes. Mucho de la logística es sentido común, es creatividad, es moverse más allá. Solo hay que tocar el botón correcto, motivarlos, entusiasmarlos y dirigirlos. Y las soluciones que surgen te sorprenden", afirma Sánchez.
Una de las apuestas más ambiciosas del foro mundial tiene que ver con la transformación del concepto mismo de proveedor logístico. El clúster impulsa un cambio de paradigma: pasar de la imagen del transportista como actor que ocupa espacio en la carretera y genera externalidades negativas, a la de un agente económico socialmente responsable, inclusivo y comprometido con la sustentabilidad.
"Un proveedor que también aporta a la sociedad, que capacita a su personal, que protege a los más vulnerables, que tiene en cuenta la contaminación y la ecología. Una responsabilidad que está totalmente vinculada con los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU", describe Sánchez. "Eso es lo que buscamos llevar al foro: una nueva generación de proveeduría con todos estos principios, con esa sensibilidad ante las necesidades del día a día de la sociedad".
Es en ese marco conceptual donde se inscribe el 11.° Foro Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, que se realizará en Saltillo del 26 al 30 de octubre de 2026, bajo el lema Logística 2030: tendencias y nuevos paradigmas, con la participación esperada de representantes de más de 30 países.

Para Sánchez, el evento llegará en un momento bisagra. La disrupción geopolítica actual —aranceles, tensiones comerciales, reconfiguración de cadenas— generará, según su análisis, un efecto rebote de magnitud considerable a partir de 2027: una explosión de demanda logística cuando los proyectos frenados se reactiven y el mercado presione con nuevas necesidades de producción e infraestructura.
"Guardando toda proporción con la pandemia, que fue un gran disruptor logístico internacional y después de la cual la cadena de suministro explotó, algo similar sucedería después de esta disrupción por la geopolítica y los aranceles", anticipa. "Pretendemos establecer en el foro las bases de cómo conducir la logística hacia el 2030 a partir del 2027, con una visión ya más aterrizada de qué es lo que va a pasar".
El diagnóstico es a la vez desafiante y optimista: "La infraestructura va a colapsar en muchas partes del mundo por ese boom. Pero va a ser un problema bueno, porque nos va a llevar a empujar inversiones, desarrollo, infraestructura y normatividad".
El objetivo del foro, en ese contexto, es sentar las bases para aprovechar lo que viene incorporando los nuevos elementos del paradigma sostenible: responsabilidad social del proveedor, integración universitaria, innovación abierta, tecnología e inteligencia artificial.
"Volteamos atrás y vemos un recorrido de disrupciones muy importantes. Miramos hacia adelante y la pregunta es qué vamos a hacer con todo lo que se viene. El objetivo es uno: ser mejores proveedores y mejor sociedad, al mismo tiempo", concluye Sánchez.
Enrique Sánchez es director del Clúster para la Innovación y Competitividad Logística de Coahuila (México). Cuenta con más de 26 años de experiencia en desarrollo económico, logística internacional y calidad del suministro, y se ha desempeñado en posiciones de dirección, gerencia y consultoría internacional en comercio exterior, planeación logística y desarrollo comercial a lo largo de América del Norte y Latinoamérica.

