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Los niveles de agua en el río Rin volvieron a caer el lunes 27 de julio tras registrarse precipitaciones insuficientes en el sur de Alemania durante el fin de semana, según la Agencia Federal de Navegación Interior (WSV). El organismo advirtió que el caudal seguirá bajando en los próximos días, prolongando las complicaciones para el transporte fluvial en esta arteria comercial clave de Europa.
La sequía y la reciente ola de calor estival han reducido drásticamente el nivel del agua, obligando a los buques de carga a operar a solo un 15% o 20% de su capacidad.
Esta situación ha disparado los costos logísticos para los propietarios de las mercancías, quienes deben contratar múltiples naves parcialmente cargadas para trasladar un mismo cargamento, representando un sobrecosto crítico para la industria alemana en pleno proceso de recuperación.
En el paso crítico de Kaub, cerca de Karlsruhe, la WSV pronostica que la profundidad navegable disminuirá de los 35 centímetros registrados este lunes a tan solo 20 centímetros para el próximo viernes.
Operadores del sector de materias primas advierten que, si bien los navíos aún pueden navegar con niveles extremadamente bajos, llegará un punto en que la capacidad de carga será tan reducida que los viajes dejarán de ser rentables, o bien los armadores suspenderán actividades para evitar daños en los cascos de las naves.
El impacto financiero de esta crisis logística ya se refleja en los costos del transporte. La tarifa para barcazas cisterna en la ruta clave desde Rotterdam hasta Karlsruhe escaló hasta situarse entre los 120 y 125 euros por tonela, un salto sustancial frente a los aproximadamente 45 euros cobrados a finales de junio. Ante la prolongación de la bajamar, las empresas no descartan tener que desviar parte del volumen de carga hacia el transporte por carretera.
El Rin constituye una arteria vital para el suministro de insumos industriales estratégicos, tales como cereales, minerales, minerales de hierro, carbón y derivados del petróleo como la gasolina.
Esta coyuntura revive el temor entre las empresas alemanas a sufrir nuevos cuellos de botella e interrupciones en la producción, similares a las graves secuelas dejadas por la sequía e hipertermia de la temporada estival de 2022.

