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La consolidación de El Niño reordena las decisiones de la campaña gruesa, pero no en una sola dirección. En diálogo con Data Portuaria, Javier Treboux, de la comercializadora agropecuaria fyo, explicó que los pronósticos de mediano plazo muestran para el último trimestre del año lluvias iguales o por encima de lo normal en prácticamente todas las zonas productivas, con la excepción de algunas áreas del NOA. Sobre ese punto de partida, describió:
"Arrancás con buen perfil y vas a tener buenas lluvias en la siembra, en la definición de rinde y probablemente también en la cosecha".
En términos de decisión productiva, sostuvo que ese pronóstico debería inclinar al productor hacia el maíz temprano. Desde fyo esperan un incremento de la siembra temprana en la zona núcleo —el cultivo que se implanta a partir de septiembre y cuyo período crítico cae entre diciembre y enero— y también un planteo más agresivo en zonas de Córdoba y del centro-norte de Santa Fe, que tienen margen de calendario para sembrar tanto temprano como tardío.
El contrapeso es sanitario. Treboux describió que la chicharrita golpeó con fuerza en la campaña 2023/24, provocó una caída marcada del área en el ciclo siguiente y, si bien esta campaña el maíz recuperó superficie, los planteos están arrojando pérdidas de rinde importantes en el NEA, el NOA e incluso el norte de Córdoba. Según explicó, ese resultado está generando preocupación entre los productores y desde la comercializadora ya observan una caída importante de la intención de maíz para el año próximo en la zona norte. En ese marco, planteó:

"Por un lado, por el año Niño tendrías que ir a una siembra un poco más agresiva de maíz, pero me parece que por lo menos en zona norte va a terminar reinando el tema del miedo a la chicharrita".
Su estimación es que el área agregada de maíz termine cayendo y que la campaña resulte más sojera. Sobre la intención de siembra, diferenció por región: la zona central irá a más maíz temprano con retracción de soja, mientras que las áreas afectadas por la plaga buscarán escapar del cultivo. Allí, los productores que llegan por calendario harán maíz temprano y los que no, pasarán directamente a soja de segunda.
Consultado sobre el punto en que la mayor oferta de agua deja de ser una ventaja, Treboux respondió que todo depende del momento en que se registren los excesos, y ubicó la principal preocupación en la cosecha de trigo. Señaló que los pronósticos apuntan a un noviembre y un diciembre muy lluviosos, y que en años de Niño fuerte diciembre puede acumular casi el doble de precipitaciones que un año normal. El impacto es doble: por un lado la logística de recolección, la entrada a los lotes y el piso para cosechar; por el otro la calidad. Así lo detalló:
"Siempre los años Niño están relacionados, por lo menos con el trigo, con años de fusarium, de hongo, de lavado de proteínas sobre el final de la cosecha".
El paralelo lo trazó con el maíz de la campaña actual. De acuerdo con su descripción, la cosecha acumula un retraso de entre 15 y 20 puntos y al 12 de agosto todavía restaba levantar entre el 15% y el 20% del área, algo que calificó como completamente anómalo y que, afirmó, siente toda la cadena. La exportación había armado un programa muy ambicioso para julio, el grano no fluyó porque la cosecha no fluyó y hubo que salir a sobrepagar: el precio del maíz trepó a la zona de los 192 a 194 US$/t. El movimiento inverso llegó con el clima: tras tres días de sol y condiciones más secas, describió una mañana con 4.500 camiones en puerto —volumen que consideró anómalo para esa altura del mes— y una baja de 15 dólares en dos semanas. Y lo sintetizó de este modo:
"Se te tensa toda la cadena cuando la mercadería no fluye".
La mecánica de fondo, explicó, es que los programas se arman con anticipación. Ante una producción de maíz que la comercializadora esperaba por encima de los 60 millones de toneladas, en el orden de las 64 a 65 millones, los exportadores hacen el booking de los buques, se registran las declaraciones juradas de venta al exterior y se define el programa de embarque. Cuando las lluvias reducen los días efectivos de cosecha, los buques igual deben cargarse y los contratos cumplirse. El desfasaje también alcanzó al productor, con contratos forward de junio entregados en julio y forward de julio que se estaban entregando en agosto. Y concluyó:
"Es una disrupción de principio a fin de la cadena".
También advirtió que el problema no se limita a la campaña nueva: quienes conservan mercadería en bolsas en el campo enfrentan dificultades para sacarla si los caminos no están en condiciones o si los lotes se anegan. Aun así, relativizó el efecto sobre el balance final. Según explicó, en los años lluviosos la productividad, los rindes y el volumen están presentes, y los cuellos de botella tienden a ser temporales: generan momentos de presión y de oportunidad en el mercado, pero luego se alivian. Es, dijo, más un tema de cómo manejarlo. En ese marco, señaló que la mayor capacidad del maíz para esperar en el campo frente a la soja constituye un incentivo adicional para el cultivo en un año que se espera lluvioso.
En cuanto a la formación de precios, Treboux diferenció por origen. En Estados Unidos, hoy en plena definición de rindes, consideró que el fenómeno no tiene demasiado efecto y que la correlación entre los patrones de El Niño o La Niña y el rendimiento no es marcada. En la Argentina, en cambio, el efecto resulta beneficioso, ya que la zona central y el NEA suelen recibir lluvias por encima de lo normal.
El foco de atención lo puso en Brasil, donde describió un panorama mixto: la zona norte suele presentarse muy seca en años Niño, la zona sur —el área de Río Grande, de clima más parecido al argentino— correlaciona bien con lluvias por encima de lo normal, y la zona centro es la más incierta. Esa región, subrayó, es la más importante, dado que Mato Grosso produce en soja un volumen equivalente al de la Argentina. Los pronósticos trimestrales para el último tramo del año, momento en que se define el rinde brasileño, marcan lluvias por debajo de lo normal en el centro-norte, lo que a su criterio puede afectar los rindes. A eso sumó que Brasil atraviesa una campaña de desaceleración: si el área sembrada de soja crece, será el menor crecimiento de los últimos años.
Si ese escenario se consolida, evaluó, el mercado tiene oportunidad de tensarse. Frente a ese panorama, advirtió:
"Va a haber que estar muy atento a lo que es el rinde en Brasil".
El efecto no se limitaría a la soja, sino que alcanzaría también a la siembra del maíz safrinha. Un tercer frente de volatilidad lo ubicó en el trigo australiano: mientras en el Cono Sur El Niño se asocia con buenas lluvias, en el sudeste asiático y Oceanía se vincula con precipitaciones por debajo de lo normal, y esa zona atraviesa el período crítico de definición de rindes. Como diferencia estructural, apuntó que los suelos brasileños retienen menos agua que los argentinos, donde arrancar la campaña con buenos perfiles de humedad y buenas napas permite que el inicio del cultivo se resuelva prácticamente solo.

Sobre la estrategia comercial, el analista llamó a no desatender los valores que ofrece el mercado de futuros. Mencionó, al momento de la entrevista, una soja en la zona de los 340 US$/t y un maíz temprano en torno de los 197 a 198 US$/t, precios que, sostuvo, dejan margen positivo en la mayoría de los planteos, con el maíz como el cultivo que mejor número arroja. Y afirmó:
"Si vas a tener los kilos y además podés asegurar un precio de rentabilidad, el mercado te está dando una oportunidad espectacular para empezar a marcar".
La recomendación concreta la formuló en estos términos:
"Es empezar a marcar, es marcar un 10, un 15% de venta sobre lo que pensás que vas a tener".
A eso sumó las estrategias de piso y de piso-techo que permitan asegurar valores de rentabilidad. Si bien reconoció que puede debatirse si la posición julio está correctamente preciada y si el mercado ya incorporó la caída de área en el norte argentino, insistió en que el precio actual da rentabilidad en un escenario donde todo indica que los kilos van a estar.
Desde entonces los valores mejoraron. En la rueda del martes 25 de agosto, el mercado de Rosario ofreció el maíz de la campaña 2026/27 a 202 US$/t en las posiciones marzo, abril y mayo, y a 201 y 200 US$/t en junio y julio, respectivamente. La soja, en tanto, encadenó varias jornadas de subas en las referencias de compra, impulsada por la búsqueda de mercadería de la industria local y en línea con el comportamiento de Chicago.


