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¿Qué son los biocombustibles y por qué son importantes para Argentina?

Los biocombustibles dejaron de ser una alternativa a futuro para convertirse en una herramienta concreta dentro del proceso de transición energética del transporte. En Argentina, ya forman parte del abastecimiento habitual de los vehículos con motores de ciclo Otto (nafteros) y de ciclo diésel, a través de su incorporación obligatoria en las mezclas con combustibles fósiles. Actualmente, el corte establecido es del 12% para el bioetanol en las naftas y del 7,5% para el biodiésel en el gasoil.

Últ. Actualización 5 de nov 2026|Lectura: 7 min

¿Qué son los biocombustibles y por qué son importantes para Argentina?

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De acuerdo con el Atlas de los Biocombustibles Líquidos, elaborado por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) para el período 2024/2025 , el uso de estos combustibles continúa consolidándose como una alternativa para avanzar hacia una movilidad más limpia dentro del actual paradigma basado en motores de combustión interna.

El organismo destaca que, mientras comienzan a desarrollarse otros modelos de movilidad, como la electromovilidad y la propulsión mediante hidrógeno, cuya masificación todavía requiere tiempo e inversiones, los biocombustibles ofrecen una opción disponible en el corto plazo. Su principal ventaja es que permiten reducir la utilización de combustibles fósiles sin requerir grandes modificaciones en los vehículos ni en buena parte de la infraestructura existente.

Esta tendencia también se refleja en la evolución de la producción mundial. Según el mismo informe, durante la última década la producción global de biocombustibles líquidos registró un crecimiento acumulado del 53%, con tasas de variación interanual de entre el 7% y el 10%.

Materias primas, producción y principales características

Los biocombustibles son combustibles producidos a partir de biomasa, es decir, materia de origen biológico que puede aprovecharse como fuente de energía. Forman parte de un concepto más amplio denominado bioenergía, que comprende las distintas formas de utilizar estos recursos para generar electricidad, calor o combustibles.

A diferencia de los combustibles fósiles, cuya formación demanda millones de años, los biocombustibles se elaboran a partir de recursos renovables que pueden provenir de cultivos agrícolas, residuos forestales, efluentes ganaderos, desechos agroindustriales y otras fuentes de materia orgánica. De esta manera, su desarrollo permite vincular la generación de energía con el aprovechamiento de recursos disponibles localmente, al tiempo que abre oportunidades para agregar valor a distintas cadenas productivas.

Dentro de este universo existen diferentes tipos de biocombustibles, que se distinguen por sus materias primas, procesos de elaboración y aplicaciones. Entre los principales se encuentran:

Bioetanol: es un combustible líquido que se obtiene mediante la fermentación de materias primas vegetales ricas en azúcares o almidón, como la caña de azúcar y el maíz. En Argentina se utiliza principalmente mezclado con naftas, en los porcentajes establecidos por la normativa vigente.

Biodiésel: se produce a partir de aceites vegetales, como los de soja, palma y otras oleaginosas, grasas animales y materias primas alternativas, entre ellas el aceite de cocina usado (UCO). Puede utilizarse mezclado con gasoil de origen fósil o, bajo determinadas condiciones técnicas, como combustible en mayores proporciones.

Biogás: es un combustible gaseoso que se genera mediante la descomposición de materia orgánica en ausencia de oxígeno, un proceso conocido como digestión anaeróbica. Para producirlo se pueden utilizar residuos agrícolas, estiércol, efluentes ganaderos, lodos y desechos orgánicos urbanos o industriales.

Biometano: es un gas renovable que se obtiene a partir de la purificación del biogás, mediante la eliminación de dióxido de carbono y otras impurezas. Por sus características y composición, puede utilizarse en aplicaciones similares a las del gas natural de origen fósil.

Aunque presentan procesos productivos y aplicaciones diferentes, todos estos combustibles forman parte de una misma estrategia: incorporar fuentes renovables capaces de sustituir, total o parcialmente, a los recursos fósiles en distintos usos energéticos.

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¿Cómo contribuyen los biocombustibles a reducir las emisiones?

Uno de los principales argumentos que impulsan el desarrollo de los biocombustibles es su potencial para disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir la dependencia de los combustibles fósiles.

Sin embargo, su contribución ambiental no es uniforme y depende de diferentes factores. Para determinar el impacto real de cada biocombustible es necesario analizar su ciclo de vida completo: desde la producción y obtención de las materias primas hasta su procesamiento industrial, transporte y utilización final.

En el caso del biogás y el biometano elaborados a partir de residuos orgánicos, existe una oportunidad adicional. Una gestión adecuada de los desechos agrícolas, ganaderos y urbanos permite aprovechar materiales que, de otro modo, podrían generar emisiones de metano durante su descomposición. De esta manera, no solo se obtiene energía renovable, sino que también se contribuye a reducir el impacto ambiental asociado al tratamiento de esos residuos.

En esta línea, la Agencia Internacional de Energía (IEA) destaca el potencial del biogás y el biometano para reemplazar combustibles fósiles y reducir las emisiones provenientes de actividades agropecuarias y de la gestión de residuos, siempre que su producción se realice bajo buenas prácticas.

Los beneficios de los biocombustibles no se limitan al aspecto ambiental. También presentan ventajas en seguridad energética. Al elaborarse a partir de recursos renovables, permiten diversificar las fuentes de abastecimiento y disminuir la dependencia de recursos no renovables, cómo el petróleo.

Por otra parte, determinados biocombustibles presentan características de biodegradabilidad y toxicidad más favorables que algunos derivados del petróleo, lo que puede reducir ciertos impactos ambientales ante eventuales derrames.

Relevancia para las economías regionales

En Argentina, la industria de los biocombustibles (principalmente biodiésel y bioetanol) adquirió una relevancia creciente durante las últimas dos décadas. Uno de los principales puntos de partida fue la sanción de la Ley 26.093, en 2006, que estableció el Régimen de Regulación y Promoción para la Producción y Uso Sustentables de Biocombustibles. Esta normativa sentó las bases para el desarrollo de una actividad industrial que encontró en la disponibilidad de materias primas agrícolas, como la soja, el maíz y la caña de azúcar, una de sus principales ventajas competitivas.

El impacto de esta industria trasciende la elaboración de combustibles para el transporte. Su desarrollo moviliza una amplia red de actividades económicas, que comienza en la producción agrícola y continúa con el procesamiento industrial, el transporte, la logística y los servicios asociados. Además, genera puestos de trabajo directos e indirectos, tanto en las plantas productoras como en las actividades que integran su cadena de valor.

Este efecto tiene especial relevancia en las provincias del centro del país, donde se concentra buena parte de la actividad vinculada al biodiésel y al procesamiento de soja y maíz, y en el NOA, donde la producción de bioetanol a partir de caña de azúcar constituye un componente importante de la estructura agroindustrial regional.

Uno de los principales aportes de esta cadena es la transformación de materias primas agrícolas en productos de mayor valor agregado. En lugar de comercializar exclusivamente soja, maíz o caña de azúcar como productos primarios, su industrialización permite obtener biocombustibles y una variedad de subproductos destinados a diferentes sectores de la economía.

En materia comercial, Argentina cuenta con una trayectoria exportadora consolidada en biodiésel, una actividad que supo posicionarse en los mercados internacionales. El bioetanol, por su parte, destina prácticamente la totalidad de su producción al mercado interno, donde se utiliza principalmente para cumplir con los porcentajes de mezcla obligatoria con las naftas.

Además de los combustibles, los procesos industriales permiten obtener derivados con aplicaciones en sectores como el alimenticio, farmacéutico, cosmético, químico y de nutrición animal. En la cadena del biodiésel, por ejemplo, se obtiene glicerina, un subproducto que, luego de su correspondiente procesamiento y purificación, puede alcanzar calidad farmacéutica y utilizarse en la elaboración de medicamentos, productos de higiene y cosméticos. Asimismo, la industrialización de la soja genera harinas y otros derivados destinados principalmente a la alimentación animal.

En el caso del bioetanol, el procesamiento del maíz permite obtener burlanda, un subproducto rico en proteínas y otros nutrientes que se utiliza en la alimentación del ganado. También se generan otros derivados industriales que amplían las posibilidades de aprovechamiento de la materia prima.

De esta manera, los biocombustibles representan por un lado una alternativa para sustituir los combustibles fósiles. Y además, constituyen una herramienta para profundizar la industrialización de la producción agropecuaria, diversificar las exportaciones, generar empleo y promover inversiones.

Temas:combustiblesbiocombustiblesdescarbonización
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