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América Latina se encuentra en un punto de inflexión donde sus promesas de desarrollo económico dependen, más que nunca, de su capacidad para garantizar la paz interna. Históricamente, la región es una plataforma logística, pero existe un problema creciente: la crisis de seguridad y el crimen organizado transnacional.
Hace unos días, el presidente Kast en Paraguay, en el marco de la cita del Mercosur, grupo de países que tiene intercambios comerciales con Chile que ascienden a USD 22.934 millones, hizo un llamado en esta línea. El jefe de Estado señaló que los esfuerzos de conectividad física serán infructuosos si la infraestructura no es protegida por las naciones que gozan de ella.
El centro de esta discusión está el ambicioso Corredor Bioceánico, una obra de ingeniería que contempla una red vial de aproximadamente 2.400 kilómetros diseñada para unir el océano Atlántico con el Pacífico (donde los países se han comprometido con obras como instalaciones portuarias y accesos, zonas de carga y descarga, mejoramiento de autopistas, construcción de puentes y otras iniciativas).
Este megaproyecto, que conectará el centro-oeste de Brasil, las provincias del norte de Argentina, tiene su salida a las terminales marítimos del norte de Chile, específicamente en los puertos de Antofagasta, Mejillones, Tocopilla e Iquique.
Para la economía, el corredor promete dinamizar el flujo de mercancías, ofreciendo una vía terrestre y marítima mucho más rápida y competitiva para exportar e importar productos desde y hacia los mercados de Asia-Pacífico y Europa.
No obstante, este corredor acarrea desafíos. Una de las principales preocupaciones radica en la frontera, los puertos y las aduanas. Un espacio de esta magnitud se convierte en un objetivo de alto valor para las organizaciones criminales.
El llamado del gobierno chileno a los países vecinos fue el fortalecimiento de la seguridad en los puntos de salida e ingreso de bienes. La cooperación internacional con potencias de la Unión Europea, como Alemania, responde a esta misma lógica: que los puertos del Pacífico implementen medidas concretas.
Como sabemos, Corredor Bioceánico representa una oportunidad histórica para la integración de América del Sur. No obstante, el éxito de esta ruta comercial dependerá de que los países involucrados asuman que la seguridad y el desarrollo económico caminan juntos. En la región urge la estabilidad para competir en el escenario global.

