El sebo bovino es la grasa que se obtiene del procesamiento de los subproductos de la faena. En el frigorífico el producto principal es la carne, pero del mismo proceso salen cueros, menudencias, huesos y tejido graso. Ese último se destina a plantas de rendering, donde se cocina a altas temperaturas para separar el componente líquido del sólido, y de allí se obtienen sebo y harina de carne y hueso.
Durante siglos ese sebo tuvo un destino previsible: jabones, cosméticos, velas y alimentación animal. Mercados de valor moderado, estables y poco disputados. Eso empezó a cambiar en la última década.
Desde 2020, Estados Unidos desarrolló una industria de diésel renovable de escala considerable. Según datos de la Energy Information Administration (EIA), la producción pasó de unos 7,2 millones de barriles anuales a fines de 2018 a 69,4 millones en 2025, con la mayor parte de la expansión concentrada en 2022 y 2023.
A diferencia del biodiésel tradicional, el diésel renovable se elabora mediante hidrotratamiento y resulta químicamente equivalente al diésel de origen fósil, lo que permite utilizarlo sin límites de mezcla. Esa característica motivó la conversión de refinerías de petróleo existentes, que pasaron a requerir aceites y grasas en volúmenes significativos.
El consumo estadounidense de grasa bovina para biocombustibles trepó de unas 75.000 toneladas mensuales en 2021 a un máximo cercano a las 450.000 a fines de 2025.