La eficiencia de un puerto no se mide únicamente por la cantidad de movimientos que realiza una grúa por hora, sino por la rapidez, la previsibilidad y el costo con que la carga atraviesa todo el sistema logístico. Así lo planteó Francisco Morandini, en diálogo con dataPORTUARIA, al definir el puerto como el nodo en el que confluyen el transporte marítimo, los camiones, el ferrocarril, la Aduana, los depósitos, los operadores logísticos, los importadores y los exportadores.
Como ejemplo de ese esquema citó al Puerto de Buenos Aires (entendido, tal como se lo conoce en el mercado, como el arco portuario que se extiende desde Zárate hasta La Plata), un nodo multimodal conectado con camión, ferrocarril y transporte fluvial que concentra cerca del 90% de la carga contenerizada del país.
Morandini señaló la flexibilidad como el concepto central del sistema, en dos direcciones: hacia el buque, para recibir los barcos que las navieras deciden utilizar, y hacia la carga terrestre, para que un camión pueda ingresar, entregar o retirar y salir sin generar tiempos improductivos.
A partir de allí introdujo el eje que atraviesa todo su análisis: las pérdidas de productividad que, según advirtió, muchas veces no se perciben. Una hora adicional de espera de un camión, una coordinación deficiente, una inspección que obliga a mover nuevamente un contenedor o un buque que debe esperar —o zarpar con menos carga para acortar la operación y no perder una ventana en otro puerto— pueden parecer, de forma individual, cuestiones operativas menores. Sumadas a lo largo de toda la cadena, sostuvo, representan un costo económico de gran magnitud.
Al sintetizar ese razonamiento, Morandini afirmó: "Un buen puerto no solamente mueve carga: agiliza las interfaces de los modos de transporte".
Esa agilidad, explicó, reduce los costos logísticos totales, mejora la competitividad y termina beneficiando a toda la economía.





