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En el marco de la extensión de su concesión en el Terminal 2 del Puerto de Valparaíso, Terminal Portuario Valparaíso (TPV) analizó junto a autoridades, armadores, agencias y clientes los desafíos que afronta la carga multipropósito al 2029. Esto a modo de consolidar una propuesta de valor basada en continuidad operacional, seguridad e innovación en la zona central de Chile.
De cara a los próximos procesos licitatorios, la compañía -vinculada a Agunsa– reafirmó su compromiso con el desarrollo del país y la necesidad de asegurar un espacio clave para la carga multipropósito.
En este sentido, el gerente general de TPV, Felipe Murúa, destacó que esta extensión de la concesión representa una oportunidad clave para seguir fortaleciendo el trabajo conjunto.
"La continuidad operacional nos plantea la responsabilidad de seguir elevando nuestros estándares, innovando y respondiendo con flexibilidad a las necesidades de un mercado exigente. El futuro del puerto se construye de manera colaborativa; la extensión nos permite proyectar lo avanzado y contribuir a la competitividad de nuestros clientes", acotó.
TPV atiende, actualmente, cargas de diversas industrias (como acero, fruta, cruceros, vehículos, cobre, carga de proyecto y cabotaje insular), sumando además sectores emergentes como las energías renovables.
Con el respaldo de Agunsa, el terminal busca consolidar su posición como una alternativa confiable y eficiente en la zona central, sobre la base de la experiencia operacional, la seguridad y la capacidad de adaptación a los requerimientos de sus clientes nacionales e internacionales.
Matías Laso, presidente del Directorio de TPV y gerente general de Agunsa, planteó que "nuestra vocación como compañía es la de operaciones multipropósito, donde las cargas break bulk, fruta, fierro, cobre, autos, contenedores y naves de pasajeros conviven en el mismo lugar. Esto requiere sistemas, pero sobre todo de experiencia, que es la que aporta nuestra gente, nuestros colaboradores, lo que nos entrega una ventaja competitiva en el sector".
Con respecto a la certeza operativa, Laso enfatizó que el horizonte a 2029 proporciona tranquilidad al mercado para el manejo de sus cargas. Asimismo, destacó que el terminal registra importantes avances en productividad y alcanza hoy uno de los mejores índices de seguridad y salud ocupacional del país.
De cara a los futuros procesos licitatorios, el presidente de TPV recalcó la importancia de asegurar un espacio para la carga multipropósito. "Queremos ser un actor relevante en las próximas licitaciones. No solo operamos un terminal: aportamos al desarrollo del país al conectar la logística de exportación e importación, el turismo y la conectividad insular", subrayó.
En ese sentido, Claudio Escobar, IPTS de DHL, indicó que "TPV se proyecta como un socio cercano y estratégico. Es relevante que Valparaíso continúe desarrollando la carga fraccionada y de proyecto en la zona central y materialicen los proyectos de crecimiento anunciados".
En tanto, Nicolás Reveco, gerente de proyecto de Deugro, firma alemana especializada en carga con sobredimensión, señaló que contar con un puerto multipropósito como TPV en la zona central "es muy necesario porque hay un mercado que atender; Chile es un país muy diverso en lo que exporta e importa".
"Por ende, abastecer todos los requerimientos de la minería en la zona central, pero también de otros mercados, como el metalúrgico o el de la fruta, exige un puerto multipropósito con tiempos de atención precisos", complementó.
Cabe recordar que diversos actores del sector advierten sobre el riesgo de desplazar la carga fraccionada en el proceso de ampliación y licitación unificada de los terminales del Puerto de Valparaíso, actualmente bajo revisión del Tribunal de Defensa de la Libre Competencia (TDLC).
La inquietud en la industria surge a raíz que el Terminal 2 concentra más del 60% de este tráfico a nivel regional, un activo estratégico cuyo futuro queda condicionado por las definiciones del plan de expansión.
A esta incertidumbre se suma una asimetría económica y logística. Al ofrecer menor rentabilidad por metro cuadrado, requerir mayores tiempos de estadía y presentar una compleja cadena terrestre frente al tráfico contenerizado, la alta demanda empujaría a los operadores a priorizar el contenedor para maximizar ingresos.