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Un incidente cibernético no afecta solamente los sistemas de una organización. También pone en juego su capacidad operativa, su credibilidad y la confianza de todos sus públicos. Preparar la comunicación antes de que ocurra una crisis es tan importante como contar con herramientas para prevenir el ataque.
La digitalización, la automatización y la creciente interconexión de los sistemas han transformado profundamente la actividad portuaria. Hoy, gran parte de las operaciones depende de plataformas tecnológicas que permiten coordinar buques, cargas, terminales, accesos, aduanas, transportistas y servicios logísticos.
Esta transformación aportó eficiencia, trazabilidad y capacidad de respuesta. Pero también generó nuevas vulnerabilidades.
Un ciberataque puede paralizar operaciones, impedir el acceso a información, comprometer datos sensibles o interrumpir servicios esenciales. Sus consecuencias pueden extenderse rápidamente a toda la cadena logística y afectar a clientes, trabajadores, organismos públicos, proveedores, transportistas y comunidades vinculadas con el puerto.
Sin embargo, una cibercrisis no es solamente un problema tecnológico.
Desde el primer momento, también es una crisis operativa, institucional y reputacional. Mientras los equipos técnicos intentan comprender qué sucedió y recuperar los sistemas, comienzan a circular preguntas que la organización debe estar preparada para responder:
¿Qué ocurrió? ¿Qué operaciones están afectadas? ¿Existe riesgo para las personas o para las cargas? ¿Se comprometieron datos? ¿Cuándo se restablecerá el servicio? ¿Quién se hace responsable?
Si la organización no comunica, otros ocuparán ese espacio.
Durante una crisis cibernética es comprensible que exista cautela. En las primeras horas, la información suele ser incompleta, los especialistas todavía están evaluando la magnitud del incidente y cualquier afirmación apresurada puede resultar equivocada.
Pero cautela no debe confundirse con silencio.
Cuando una organización demora excesivamente su primera comunicación, deja lugar a rumores, interpretaciones y versiones no verificadas. En un entorno hiperconectado, ese vacío puede amplificar la crisis y provocar una pérdida de confianza mayor que el propio incidente.
Comunicar rápidamente no significa especular ni proporcionar detalles que puedan comprometer la investigación o aumentar la vulnerabilidad. Significa reconocer que existe una situación, explicar qué se está haciendo y establecer un canal oficial para mantener informados a los públicos afectados.
Una primera comunicación puede ser breve y prudente:
“Hemos detectado un incidente que está afectando parcialmente nuestros sistemas. Nuestros equipos especializados se encuentran trabajando para determinar su alcance y restablecer las operaciones de manera segura. Informaremos cualquier novedad relevante a través de nuestros canales oficiales”.
Puede parecer insuficiente, pero ofrece algo fundamental: confirma que la organización conoce la situación, que está actuando y que existe una fuente confiable a la cual recurrir.
La reacción frente a un incidente cibernético no puede improvisarse. Así como existen protocolos técnicos para proteger, detectar, responder y recuperar los sistemas, debe existir un protocolo específico de comunicación.
La Organización Marítima Internacional incluye la identificación, protección, detección, respuesta y recuperación entre los elementos fundamentales de la gestión del riesgo cibernético. También señala que la comunicación del riesgo forma parte de ese proceso. Por lo tanto, la comunicación no debería incorporarse una vez producida la crisis, sino integrarse desde el inicio a los planes de continuidad y resiliencia de la organización.
¿Cómo podemos prepararnos?
1. Integrar comunicación y ciberseguridad
Los responsables de comunicación, asuntos públicos y relaciones institucionales deben participar en la elaboración y actualización del plan de respuesta ante incidentes.
No necesitan reemplazar a los especialistas técnicos, pero sí comprender los escenarios posibles, las consecuencias operativas y los criterios para informar. Del mismo modo, los equipos de tecnología y seguridad deben conocer las necesidades y los riesgos de la comunicación pública.
La coordinación no puede comenzar cuando el ataque ya ocurrió.
2. Conformar un comité de crisis
Debe definirse previamente quiénes integrarán el equipo encargado de tomar decisiones. Dependiendo de la organización, podrá incluir representantes de la dirección, operaciones, tecnología, seguridad, asuntos legales, recursos humanos y comunicación.
También es necesario establecer:
Cuando cada minuto cuenta, no puede perderse tiempo determinando quién tiene la responsabilidad de decidir.
3. Identificar a todos los públicos afectados
En un puerto, una cibercrisis puede involucrar a múltiples actores con necesidades diferentes: autoridades, terminales, navieras, agencias marítimas, aduanas, transportistas, concesionarios, trabajadores, sindicatos, proveedores, clientes, medios y comunidad.
No todos necesitan recibir el mismo mensaje ni al mismo tiempo. Pero todos deben estar contemplados en el mapa de públicos y contar con un canal previamente establecido.
También debe definirse el orden de las comunicaciones. En muchos casos, quienes están directamente afectados por la interrupción del servicio deben recibir información antes de que se emita un comunicado general.
4. Preparar canales alternativos
Un ataque puede dejar fuera de servicio el correo electrónico, la página web, los sistemas internos o incluso las líneas telefónicas habituales. Por eso es indispensable disponer de canales alternativos y de una base de contactos actualizada que pueda consultarse sin depender de la infraestructura comprometida.
También conviene preparar modelos de comunicados, mensajes internos, respuestas para clientes y documentos de preguntas frecuentes. No se trata de anticipar cada palabra, sino de contar con estructuras que permitan reaccionar con mayor rapidez y consistencia.
5. Entrenar y realizar simulacros
Un protocolo que nunca fue probado puede fallar en el momento más crítico.
Los simulacros permiten evaluar cómo circula la información, cuánto demora la aprobación de un mensaje, qué sucede si el vocero principal no está disponible y cómo se coordinan las áreas técnicas, operativas y comunicacionales.
Además, ayudan a detectar contradicciones, responsabilidades poco claras y canales que no funcionan.
La primera prioridad debe ser proteger a las personas, contener el incidente y preservar la continuidad operativa. Pero, paralelamente, debe activarse el protocolo de comunicación.
Durante las primeras horas resulta fundamental:
No es recomendable prometer una hora de restablecimiento si los equipos técnicos todavía no pueden garantizarla. Tampoco minimizar el episodio con expresiones como “pequeño inconveniente” o “simple falla”, especialmente cuando sus efectos ya son visibles.
La transparencia no exige revelar información confidencial, detalles técnicos sensibles ni datos que puedan obstaculizar una investigación. Exige comunicar con honestidad aquello que puede decirse y explicar por qué cierta información todavía no está disponible.
Restablecer los sistemas no pone fin automáticamente a la crisis.
La organización deberá explicar qué servicios fueron recuperados, qué limitaciones persisten y qué medidas se adoptarán para reducir la posibilidad de que el incidente vuelva a ocurrir. Si existieron personas, clientes o empresas afectadas, también será necesario mantener una comunicación directa con ellas.
Esta etapa es determinante para reconstruir la confianza.
Una organización no será evaluada únicamente por haber sufrido un ciberataque. Será evaluada por su capacidad para responder, asumir responsabilidades, acompañar a los afectados y aprender de lo sucedido.
La ciberseguridad suele concebirse como una responsabilidad exclusiva de las áreas tecnológicas. Pero la experiencia demuestra que sus efectos atraviesan a toda la organización.
En una industria tan interdependiente como la portuaria, la respuesta no puede limitarse a recuperar servidores y restablecer plataformas. También debe proteger la relación con quienes dependen diariamente de la actividad del puerto.
Prepararse para una cibercrisis implica anticipar escenarios, establecer responsabilidades, entrenar a los equipos y crear mecanismos de comunicación que funcionen incluso cuando los canales habituales dejan de hacerlo.
Porque frente a un incidente de estas características, no siempre será posible ofrecer respuestas inmediatas. Pero sí será posible demostrar que existe conducción, responsabilidad y voluntad de mantener informados a quienes necesitan saber qué está sucediendo.
En una crisis, guardar silencio puede parecer una decisión prudente. Muchas veces, termina siendo el mayor riesgo.

