En Argentina, la provincia de Santa Fe concentra aproximadamente entre el 80% y el 85% de la capacidad instalada de biodiésel del país: según CIARA-CEC, Rosario es el mayor polo mundial de producción de biodiésel, pero actualmente solo utiliza alrededor del 15% de su capacidad instalada.
Esto deja a Argentina en una posición privilegiada, tal como lo demuestran las cifras: el año pasado, el total de s exportaciones de biodiésel se dirigieron a la Unión Europea, generando ingresos por USD 322 millones (entre 2018 y 2025, el bloque europeo explicó en promedio el 97% de los embarques externos).
Sin embargo, diversas barreras europeas estuvieron a punto de ponerle freno al desarrollo del sector (este mismo, la Comisión Europea llegó a clasificar a la soja como producto de “alto riesgo” por su impacto ambiental en el suelo, aunque terminó dando marcha atrás) a lo que se suma el problema del mercado interno limitado por el actual esquema de corte obligatorio.
Pero el panorama actual ha comenzado a cambiar: Hace algunas semanas, el Senado otorgó media sanción al proyecto que reforma la Ley 27.640, generando un nuevo marco regulatorio de biocombustibles. Así, el corte obligatorio de biodiésel en el gasoil pasaría de 7,5% a 10% y el de bioetanol en las naftas de 12% a 15%.
Por ello, tanto ante el nuevo panorama europeo como nacional, se espera que la demanda de biodiesel vaya al alza, lo que podría plantear varios desafíos logísticos para la provincia de Santa Fe.





