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La actividad de cruceros generó un movimiento de R$ 4,76 mil millones en la economía de Brasil durante la temporada 2025/2026. La cifra incluye tanto a los buques que navegaron entre puertos brasileños (cabotaje) como a las embarcaciones de rutas internacionales (largo curso) que pasaron por la costa del país. El cálculo contempla el gasto de las compañías en operación y logística y el de pasajeros y tripulantes en las ciudades de embarque, desembarque y escala, además del empleo y la recaudación impositiva asociados.
Los datos surgen de un estudio elaborado por la Fundación Getulio Vargas (FGV) junto con la Asociación Brasileña de Cruceros Marítimos (Clia Brasil). Según el informe, el cabotaje por sí solo movió R$ 4,28 mil millones y estuvo vinculado a 64.529 puestos de trabajo y R$ 166,3 millones en impuestos federales, estatales y municipales.
Del total generado por el cabotaje, R$ 2,28 mil millones corresponden al gasto de las compañías de cruceros en operación y logística. Los R$ 2 mil millones restantes provienen del consumo de pasajeros y tripulantes en las ciudades de embarque, desembarque y escala.
Ese gasto se distribuye entre distintos rubros de la economía local, como el comercio, la gastronomía, el transporte, la hotelería y los servicios. De esta manera, el paso de un crucero por la costa brasileña tiene un efecto que excede a la infraestructura portuaria y alcanza a las ciudades que reciben a los visitantes.
Durante la temporada 2025/2026 embarcaron 602.864 cruceristas en buques de cabotaje en Brasil. El estudio indica además que por cada R$ 1 invertido por las compañías de cruceros se movilizaron R$ 3,89 en la economía del país.
El informe también contempla a los buques de largo curso que recorrieron la costa brasileña en la temporada. En total fueron 21 embarcaciones en tránsito, que generaron un impacto económico de R$ 480,94 millones, sostuvieron 7.500 empleos y aportaron R$ 51,15 millones en impuestos.
Si se suman ambos segmentos, la actividad de cruceros estuvo asociada a cerca de 72 mil puestos de trabajo durante la temporada 2025/2026.
En paralelo, los puertos de Brasil atraviesan un proceso de modernización orientado a acompañar el desarrollo del turismo de cruceros y a mejorar el confort, la seguridad y la eficiencia para los pasajeros. La agenda, a cargo del Ministerio de Puertos y Aeropuertos (MPor), contempla la mejora de las terminales de pasajeros, el aumento de la capacidad de atención y la adecuación de las instalaciones para recibir buques de distintos tamaños y características.
Uno de los casos es la Terminal Marítima de Pasajeros del Puerto de Maceió, en Alagoas. En 2026, el MPor firmó el contrato de arrendamiento de la terminal, que cuenta con una superficie de 5,6 mil m² y capacidad para recibir hasta 612 pasajeros por día. Las obras previstas incluyen la construcción de un estacionamiento, la renovación del mobiliario y la instalación de equipos de control de pasajeros y equipaje, junto con el refuerzo de los sistemas de seguridad y de control de acceso.
Otro caso se encuentra en Pará. La renovación de la Terminal Portuaria de Outeiro, entregada en noviembre de 2025, adecuó las instalaciones para recibir buques de pasajeros durante la COP30. La terminal también fue pensada para alojar buques que funcionen como hoteles flotantes y, según el MPor, podrá formar parte de futuras rutas regulares de turismo marítimo.
Estas obras se enmarcan en una agenda más amplia de mejora de la infraestructura portuaria para el turismo marítimo, que incluye además la integración de las terminales con las ciudades y con los servicios destinados a los visitantes. En 2025, el MPor trabajó esta agenda junto con ONU Turismo, con eje en el crecimiento de los cruceros, la modernización portuaria y la articulación con las economías locales.
La operación de cruceros se apoya en una estructura que abarca terminales, servicios portuarios, transporte, abastecimiento, logística y atención a los pasajeros. A su vez, las ciudades que reciben los buques funcionan como nexo con destinos turísticos y otros servicios.
Así, los puertos se convierten en el punto de entrada de una cadena que involucra distintas actividades económicas. Además de recibir a los buques, la infraestructura portuaria forma parte de una red que incluye empresas, trabajadores, prestadores de servicios y comercios que atienden a pasajeros y tripulantes. Ese efecto excede la operación marítima: moviliza recursos en las ciudades, genera empleo y contribuye a la recaudación de los distintos niveles de gobierno.

