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La escalada del conflicto frente a la costa occidental de Yemen paralizó el tráfico marítimo a través del estrecho de Bab el-Mandeb, amenazando un punto de estrangulamiento crítico para la logística global.
La vía navegable enfrenta sus días de menor actividad en la historia, sumada a la crisis en el comercio global y el suministro energético provocada por el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Por el estrecho de Bab el-Mandeb transita el 10% del comercio marítimo mundial y el 12% de los envíos de petróleo crudo. Los acontecimientos militares en la región han convertido a este paso en un punto vulnerable de la cadena de suministro global.
El resurgimiento del conflicto en Yemen desde julio alteró el mapa de control regional, luego de que los hutíes aseguraran la totalidad de la provincia de Hodeida y avanzaran hacia el oeste hasta Taiz, apoderándose de ciudades costeras del mar Rojo como Moca y de las rutas de acceso al estrecho de Bab el-Mandeb.
Tras tomar Moca, los hutíes capturaron el archipiélago de Hanish, la isla de Mayun y la localidad de Dhubab, todos ubicados en las inmediaciones del estrecho de Bab el-Mandeb.
La captura de la isla de Mayun, situada a la entrada del canal occidental, elevó los riesgos de seguridad al nivel máximo.
Un promedio de 33 buques transita diariamente por la vía navegable, pero el tráfico cayó un 88%, con solo cuatro embarcaciones cruzando en las últimas 24 horas, según datos de la plataforma PortWatch del Fondo Monetario Internacional (FMI).
El paso de tanqueros de petróleo y productos químicos se redujo un 91%, registrando el tránsito de una sola nave en las últimas 24 horas.
En paralelo, el tráfico de buques portacontenedores cayó un 86% por debajo de su promedio.
Las pocas embarcaciones que lograron transitar por la vía navegable enarbolaban banderas de Panamá, Singapur, Liberia y Etiopía.
El estrecho de Bab el-Mandeb constituye la puerta de entrada meridional más crítica para las mercancías y el petróleo que viajan desde Asia hacia Europa a través del canal de Suez, así como para las materias primas con destino al continente asiático.
Las navieras globales y las empresas energéticas están perdiendo este paso seguro en medio de las crecientes tensiones militares, por lo que continúan desviando sus buques alrededor del cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África.
Bordear el continente africano prolonga la duración de los viajes por semanas y provoca un marcado incremento en los fletes y las pólizas de seguro.
La creciente presión de los hutíes sobre el estrecho podría desencadenar una nueva ola de conmociones en el mercado petrolero mundial (oil shocks), señalan analistas.
El cuello de botella en la región está afectando los planes alternativos de desvío para las rutas energéticas globales.
Arabia Saudita tiene la capacidad de transportar su petróleo crudo directamente a los puertos del mar Rojo mediante el oleoducto Este-Oeste, evitando el estrecho de Ormuz; sin embargo, los petroleros que cargan en estos puertos y se dirigen al sur hacia los mercados internacionales deben transitar obligatoriamente por el estrecho de Bab el-Mandeb.
Un bloqueo de este estrecho amenazaría la viabilidad de la ruta concebida para eludir el ya conflictivo estrecho de Ormuz.

